La educación occidental nos ha convencido de que las palabras son objetos maleables y obedientes, prestos a satisfacer y -cuando es necesario- revalidar nuestras queridas ideas sobre nosotros, el mundo y la vida.
Hemos olvidado su naturaleza de carácter netamente simbólico (que en otros tiempos fue profundamente comprendida y valorada) y las hemos des-vitalizado hasta dejarlas transformadas en nada menos que signos. ¿Cuál es la diferencia entre estos dos puntos de vista sobre la Palabra?
El signo tiene un significado unívoco y sin vueltas: es la luz roja del semáforo que indica peligro, 'no avanzar', y punto.
Es pretender que el término 'mesa' o 'espíritu' tengan un significado único, llano y pretenciosamente 'definido'. Pero el símbolo es otra cosa.