A la joven Luned, moradora de una aldea medieval en lo profundo del bosque, no le interesa aprender a cardar la lana, hila o bordar. Tampoco le atraen el torno del alfarero, la cacería a la pesca. Lo suyo es ir tras el rastro de los ciervos, treparse a las altas copas de los árboles y visitar las más escondidas madrigueras. Su vida transcurre en la espesura, para desesperación de sus padres, hasta que un día, gracias a un encuentro afortunado, descubre que hay un oficio tan misterioso y bello como el bosque: contar historias.