Se trata de un tema de especial relevancia, sobre todo teniendo en cuenta que la sensación de que
nuestra vida carece de un significado auténtico ha penetrado considerablemente en los cimientos
de la sociedad contemporánea. Como demuestran tanto el caso del adolescente que sufre ante la
inseguridad y la duda como el del anciano que padece aislamiento y rechazo, lo cierto es que la
cultura actual parece definitivamente sumida en la vulnerabilidad y la desesperación.
A partir de ahí, el doctor Frankl demuestra de una forma brillante que el ser humano aún puede
encontrar un cierto sentido a su vida cotidiana. Habla del «deseo de significado» como fuerza
central motivadora y presenta evidencias específicas de que la vida puede hablarnos de su propio
sentido en cualquier momento o situación. Incluso aquellas personas que deben soportar sobre sus
hombros la carga de la culpabilidad, o tienen que hacer frente a un sufrimiento inevitable, disponen,
en principio, de oportunidades para convertir sus súplicas en logros o, dicho de otro modo, su
tragedia personal en un triunfo de la humanidad.