Contrariamente a lo que con frecuencia se ha escrito, en la Edad Media la espera del fin del mundo no sólo estaba muy presente en las mentes de los cristianos, sino también en las de judíos y musulmanes. Entre los cristianos, esta expectativa suscitaba un sentimiento de esperanza más que de terror.
En efecto, las profecías anunciaban que después del hundimiento de la última gran potencia mundial, identificada inicialmente con el Imperio romano, se daría paso al tiempo del final, marcado por la aparición del Anticristo, que sería vencido por el Mesías y por sus fieles. Sería entonces cuando se instauraría definitivamente el Reino de Dios.