Sólidos, fuertes, estables, los cuadrados dirigían miradas oblicuas a los triángulos. Luego vino el terremoto, y todo se descuadró. Rectos y agudos, no obstante la oposición de los obtusos, los vértices de los triángulos trazaron un plano de reconstrucción junto con los cuadrados. Nacieron así los trapecios, los rombos, los pentágonos y los hexágonos... En un radio de pocos kilómetros viven los círculos. Habitan en iglúes, comen albóndigas y chícharos, les encanta el circo. Pronto las diferentes figuras geométricas se hacen amigas, y con la amistad surgen arcos, bóvedas, cúpulas. La unión hace la fuerza, cuanta la fábula. Pero, sobre todo, la unión desarrolla la inteligencia.