En la pintura no existen reglas, le dijo Goya a la Real Academia de San Fernando, en Madrid, durante un discurso que dio en 1792. Sugirió que se les debía permitir a los alumnos desarrollar libremente sus talentos artísticos y encontrar la inspiración en los maestros que ellos eligieran, en lugar de adherirse a las doctrinas de la escuela neoclásica.