¿Estás agotado de lidiar con berrinches interminables por un vaso de jugo derramado o un zapato perdido? ¿Sueñas con criar a un niño que, en lugar de rendirse ante el primer obstáculo, se levante con más fuerza?
Todos los papás y mamás conocen esta escena: Es martes por la mañana, faltan cinco minutos para salir hacia la escuela y, de repente, ocurre el desastre. La leche se derrama sobre la camiseta limpia. Empiezan los gritos, las lágrimas de frustración y la sensación de que el día entero se ha arruinado antes de las 8:00 a.m.
Eso es La Ley de Murphy (si algo puede salir mal, saldrá mal), y es inevitable. Pero, ¿qué pasaría si, en lugar de un drama total, tu hijo respirara profundo, tomara un trapo y dijera con seguridad: "Yo puedo resolver esto"?
¿Estás agotado de lidiar con berrinches interminables por un vaso de jugo derramado o un zapato perdido? ¿Sueñas con criar a un niño que, en lugar de rendirse ante el primer obstáculo, se levante con más fuerza?
Todos los papás y mamás conocen esta escena: Es martes por la mañana, faltan cinco minutos para salir hacia la escuela y, de repente, ocurre el desastre. La leche se derrama sobre la camiseta limpia. Empiezan los gritos, las lágrimas de frustración y la sensación de que el día entero se ha arruinado antes de las 8:00 a.m.
Eso es La Ley de Murphy (si algo puede salir mal, saldrá mal), y es inevitable. Pero, ¿qué pasaría si, en lugar de un drama total, tu hijo respirara profundo, tomara un trapo y dijera con seguridad: "Yo puedo resolver esto"?