El desarrollo de una cultura de los derechos humanos en México ha tenido avances significativos en los últimos años. El verdadero catalizador de este proceso ha sido y es una sociedad que exige cada vez más sus derechos y que reconoce como condición de la vida democrática la existencia de un espacio de libertades y faculta-des que expresen cabalmente la naturaleza y dignidad del ser humano. Una nítida expresión de esta energía social también lo es la formulación de los derechos de grupos específicos de la sociedad, como los derechos de los pueblos indígenas, de los niños o de las personas con algún tipo de discapacidad, entre otros que sufren discriminación o alguna vulnerabilidad.
Por otro lado, la idea de los derechos humanos se enriquece en forma permanente con nuevos enfoques que inciden en el diseño de nuevos instrumentos jurídicos que los consagren y garanticen su ejercicio. Así, su apuntalamiento se realiza desde diversas trincheras: con el trabajo de los defensores civiles de los derechos humanos; con el fortalecimiento y debida actuación de los organismos públicos defensores; con la sensibilidad de los legisladores para actualizar nuestro orden jurídico; con la asunción de compromisos internacionales en la materia y la voluntad política para darles cumplimiento; con nuevas investigaciones y el trabajo académico en diversas vertientes.