En un 2011 no del todo inconcebible, la sociedad ha abrazado la Paridad Mental, una ideología que proclama la igualdad intelectual absoluta y amenaza con redefinir la esencia misma de la inteligencia. Bajo sus nuevos postulados, palabras como listo o tonto se convierten en tabú, y combatir la discriminación de las mentes menos favorecidas pasa a ser el caballo de batalla de una renovada lucha por los derechos civiles. Las universidades censuran las lecturas obligatorias para evitar cualquier sugerencia de superioridad o inferioridad mental, y hasta clásicos como El idiota de Dostoievski se consideran problemáticos solo por lo que parecen insinuar sus títulos.