Una mañana desperté con un elefante sentado sobre mi pecho. No podía moverme, levantarme, hablar o respirar. Soy Azul me dijo el elefante. ¿Podrías moverte de ahí, Azul? le pregunté. Pero no quiero. Este es un buen lugar para mí.
Es que me estás aplastando le dije. Pero yo estoy muy cómodo respondió. Mamá leía todos los libros que encontraba sobre elefantes y Papá le llamó al especialista en elefantes que alguien le había recomendado.
Toda la familia intentó jalarlo, persuadirlo
¿Pero habría alguien capaz de moverlo?