Todos conocemos la historia de los Capuleto y los Montesco, eternos enemigos que surgieron de la pluma de William Shakespeare allá por el año 1597. Estamos familiarizados con su rivalidad y con el dolor que la misma trajo no sólo a dos de los miembros más jóvenes de las familias, Romeo y Julieta, sino también a sus amigos y conocidos. Es, sin duda, una de las más grandes tragedias jamás escritas, y tiene uno de los desenlaces más escalofriantes del periodo. Pero que este capítulo de la historia haya terminado no significa que no quede nada por contar.
Muchos años después, Melinda Taub toma para sí la titánica tarea de indagar qué es lo que sucedió después de la muerte de los amantes de Verona. Nos presenta esta vez a Rosalina, una prima lejana de Julieta, y a Benvolio, familiar y amigo de Romeo. Quienes hayan leído la obra original recordarán que este último personaje tiene un papel menor en la trama, y retomarlo me pareció una decisión muy acertada.
Si bien uno pensaría que tanta muerte pondría fin a la rivalidad que se daba entre las familias, lejos estaba esto de ser una realidad. Es entonces que el príncipe de Verona decide involucrar a las familias en una especie de pacto que tiene como finalidad terminar con la contienda. El plan es sencillo: debe haber un matrimonio que involucre tanto a Capuletos como a Montescos. Los elegidos, claro está, serán Rosalina y Benvolio.
Parecería que nos encontramos frente a una novela bastante sencilla, una pieza de época sobre dos personas que se ven obligadas a sostener una relación, y cuyo núcleo problemático estaría en el si lograrán caer el uno por el otro o si, por el contrario, serán guiados hacia un inminente desastre. Pero déjenme decirles que, sin lugar a dudas, el punto fuerte de la novela de Melinda Taub es que va mucho más allá de lo esperado. La aparición de una enigmática figura, crímenes que apuntan hacia una u otra familia y de los cuales nadie parece tener la culpa, complots internos, persecuciones, son sólo el inicio de un torbellino argumental que absorbe al lector y no lo suelta hasta las últimas páginas.
Romeo y Julieta ya están muertos pero el ODIO entre los CAPULETO y los MONTESCO no tiene fin…
El príncipe Escalo decide que la única manera de traer la paz a las dos familias es casando a un Montesco con una Capuleto. Los elegidos son Benvolio y Rosalina.
Ellos, a diferencia de sus primos, no están enamorados y quieren encontrar una solución sin llegar al altar.
Pero la sangre vuelve a correr por las calles de Verona y los jóvenes deben descubrir quién es el responsable antes de que sea demasiado tarde.
Benvolio, Rosalina y el príncipe se dan cuenta de que el camino hacia la paz puede ser una tortura y de que el verdadero amor puede destruirlo todo.