La pregunta por qué está presente en forma casi obsesiva en la mente de quienes han perdido a un ser querido por suicidio. No tener una explicación trae consigo una carga de dolor adicional a la experiencia, terrible como es, del acto mismo del suicidio.
El suicidio no es natural; de hecho, muchos piensan que no es correcto. Se le considera una solución permanente -y equivocada- a un problema temporal. Sin embargo, y por desgracia, las cifras de estos casos van en aumento: en el mundo, en los últimos 45 años, las tasas de suicidio han aumentado en 80%. En algunos países, es ya una de las tres primeras causas de muerte entre las personas de 15 a 44 años de edad y la segunda entre los jóvenes de 10 a 24 años. En nuestro país estamos lejos de estas cifras: con 1% del total de muertes, el suicidio es la decimocuarta causa de muerte y es llevado a cabo por cinco de cada 100 mil habitantes.
Sin embargo, el estrés de la vida actual aumenta día con día los pensamientos suicidas, e incluso las tentativas del acto en sí. Es fundamental tomar medidas eficaces de prevención.
Movida por una dolorosa experiencia personal, la psicóloga Jessica Wolf se ha especializado en el tema y en la terapia para quienes resultan más afectados: los sobrevivientes del suicidio. Con base en su contacto con estas personas en duelo profundo, escribió este libro, en el cual presenta historias reales de personas que han pasado por este difícil trance. Palpar esas historias te ofrece la posibilidad de ver tus propias emociones y procesos reflejados en el espejo de los otros.